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¿Como elegimos si elegimos cuando elegimos?

Es posible preguntarse si la nueva cultura del streaming modifica la producción Artística, y el desarrollo creativos de sus creadores


La construcción del gusto no es un acto individual, mas bien todo lo contrarios es un acto social, como todo acto social, tiene cierta coerción, cierta legitimación y ciertamente un grado de libertad. El grado de libertad en dicha elección, del gusto, de lo estético no se da de manera espontánea ni mucho menos de manera inconsciente.

A partir de la desprogramación de los contenidos lineales y la proliferación y ubicuidad de las pantallas que nos permiten acceder a contenidos a cualquier hora y desde cualquier ubicación, comenzó a hablarse del empoderamiento de la audiencia, tanto en el sentido del consumo —en la medida que se independiza de la rigidez de las grillas de programación—, como de la producción, gracias a la reducción de las barreras tecnológicas que hasta hace pocos años mantenían a productores y consumidores en polos apartados.

Contrariando la idea de que los servicios de distribución de video por Internet nos permiten ver lo que queremos, en este trabajo sostenemos que en realidad no vemos lo que queremos, vemos lo que está disponible, lo que nos ofrecen. La distribución de determinados contenidos y su visibilidad en los catálogos se convierten así en vectores clave que condicionan nuestros consumos audiovisuales. Cabe agregar a este punto que la “automatización” y “algoritmización” de los catálogos y de las decisiones editoriales de servicios como Netflix, se basan en algoritmos que son, en última instancia, diseños humanos; es decir, no son neutrales y son producto de la decisión editorial de una empresa.

La importancia de desenmascara nuestros procesos de elecciones a la hora de consumir, bajo la llamada cultura del Streaming , se trata esta última de una actividad con particularidades en la medida que tiene incidencia en la circulación social de sentidos, la creación de imaginarios, la formación de la opinión pública, y por lo tanto, sobre la vida democrática de los países. Como cualquier industria cultural, estos servicios audiovisuales tienen una doble faz, una industrial y una simbólica, por lo que, tanto desde el punto de vista de su importancia y magnitud económica, como por su creciente influencia cultural, estos servicios de distribución en línea son objetos ineludibles de la regulación.

Con apenas veinte años, Netflix se ha convertido en un referente en la industria del entretenimiento audiovisual. La clave de su éxito se debe a tres elementos: un modelo de negocio orientado a la demanda, una política de relaciones con los públicos y una estrategia de internacionalización. El streaming y el video bajo demanda han marcado el itinerario de su segundo periodo. Esto posibilitó una ampliación del negocio que partió de la idea en 2007 de ofrecer a los inscritos el acceso al visionado de una hora de video por cada dólar que pagaban en su cuota, multiplicando el número de abonados y el consumo de sus productos. Por ello, Netflix decidió a finales de 2011 aportar contenidos originales, especialmente televisivos. La primera serie propia que produjo y estrenó fue House of Cards (2013-) -la primera realizada para una plataforma web de alto presupuesto y calidad-, mientras que Beast of no Nation (Cary Joji Fukunaga, 2015), fue su filme inaugural y se estrenó simultáneamente en las salas y en su plataforma (Heredia, 2017). La corporación supone un potente tercer modelo televisivo -que se suma a los ya existentes generalista y temático-, en el que se da una convergencia plena entre la televisión e Internet.

Aunque se trata de un campo escasamente estudiado, algunos autores han hecho esfuerzos por trazar un mapa inicial de las redes de relaciones, sectores, instituciones, tecnologías, y agentes que componen la cada vez más densa y compleja infraestructura de distribución de los servicios de televisión por Internet. Esta arquitectura física de la distribución requiere nuestra atención en especial desde los estudios de la Economía Política de la Comunicación, pues en ella se encuentran las condiciones de acceso o su imposibilidad, las barreras de acceso en términos de participación de empresas nacionales o transnacionales; de telecomunicación o de medios; de grandes o pequeños inversionistas, ligados a grandes conglomerados o a PyMEs.

Pero vayamos nuevamente a repensar la cultura del streaming , que rol juega en la elección del gusto, en el comportamiento de sus audiencia. Existe, no obstante, un aspecto nuevo de la era del streaming que podría ser revolucionario y quizás negativo. Ahora las plataformas tienen la posibilidad de recopilar una cantidad monstruosa de datos, el big data. Netflix colecta información del consumo de sus usuarios, qué tipo de series ven, dónde las pausan, qué tiempo les dedican, en qué momentos abandonan y un largo etcétera. Un algoritmo se encarga de procesar esta información y producir “recomendaciones”. Entonces nos que nos queda por pensar frente al streaming es de que manera dicha cultura revoluciona no solo las elecciones del gusto de la audiencia, sino las prodcucciones Esteticas de los Artistas.


  • Baladron, Mariela & Rivero, Ezequiel (2019), Video on Demand Services in Latin America: Trends and Challenges towards access, concentration and regulation. Journal of Digital Media & Policy, 10(1). Londres: Intellect.

  • Baladron, Mariela & Rivero, Ezequiel (2019b), “Regulación de servicios de video a demanda en América Latina”, en Revista Avatares 16. Buenos Aires: UBA [en prensa].

  • Bizberge, Ana (2019), “Servicios audiovisuales en Internet: cambios en la organización del sistema de medios y tensiones regulatorias” [mimeo].

 
 
 

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